Los dispositivos móviles de comunicación son fuentes de campos electromagnéticos (CEM) de radiofrecuencia (RF) que son comunes en la vida diaria y pueden causar una fuerte exposición a la cabeza. Los posibles efectos adversos para la salud, especialmente en las funciones cerebrales, han sido de gran preocupación entre el público en general desde que comenzó la penetración explosiva de esta tecnología en la década de 1990. La exposición cumple con las normas de seguridad vigentes. El conocimiento establecido de los efectos biológicos de la radiofrecuencia no proporciona pruebas de efectos anecdóticos como la pérdida de memoria o la aparición de tumores cerebrales. Sin embargo, no hay manera de demostrar la ausencia absoluta de tales efectos. Se han realizado enormes esfuerzos para buscar estos efectos desconocidos y determinar la seguridad de esta tecnología. Las investigaciones recientes sobre los posibles efectos de RF-EMF en el cerebro se resumen brevemente aquí para mostrar lo que se conoce y lo que queda por conocer.

Los Efectos de las Radiaciones Electromagnéticas en la Salud Humana

La evidencia reportada hasta ahora indica pocos efectos que podrían dañar seriamente la salud humana. Sólo pueden existir pequeños cambios en la función fisiológica del cerebro, pero la variación de los datos es demasiado grande para creer que la exposición realmente tiene el potencial de afectar la función. El riesgo para la salud, si lo hubiera, a nivel individual, sería muy bajo si se tuvieran en cuenta las pruebas disponibles. Sin embargo, si los campos de la telefonía móvil fueran realmente peligrosos, el gran número de usuarios de teléfonos móviles podría significar que, incluso si el riesgo individual fuera muy bajo, el impacto en la salud pública podría ser considerable. Esta es la razón más importante por la que se están haciendo tantos esfuerzos en esta cuestión.

Hoy en día nos encontramos dentro de un entorno de contaminación electromagnética, rodeado de electrodomésticos, ordenadores, teléfonos inalámbricos, antenas de telefonías, móviles, ondas wifi, radares, etc.

Esta situación ha generado cierta inquietud en la sociedad. Por ello, multitud de científicos y organismos internacionales alertan sobre los efectos biológicos que estas emisiones pueden tener sobre las personas. Así, autoridades de la UE han recomendado a los Estados miembro que apliquen el principio de precaución, hasta que la ciencia pueda determinar si existe algún riesgo para la salud.